Anahí alza la voz: Fue víctima de trata y prostitución

Aún recuerda los nombres de cada hombre que pagó para violentarla sexualmente, todos conscientes de que se trataba de una menor de edad
Logró escapar de sus captores, pero ahora las agresiones y amenazas volvieron, sin que las autoridades de Yucatán tomen medidas para proteger su vida.
Por Claudia Arriaga
Mérida, Yucatán, 14 de octubre del 2020.- Anahí tenía 12 años de edad cuando la obligaron a tener relaciones sexuales con un hombre que superaba los 40. La adolescente no entendía qué ocurría, pero era consciente de que fue violada.
Ese mismo día por la tarde, su tía Gloria – con quien su mamá la abandonó a los 10 años – la llevó a una tienda de ropa y le presentó a un supuesto amigo de la familia llamado Bernardo. Le dijo que él le regalaría un atuendo para festejar su cumpleaños. Lo que no imaginaba es que al salir del lugar, su vida cambiaría para siempre.
“Subimos al auto y mi tía me dijo que tenía que pagarle la ropa que me había dado. Fuimos a un hotel que se llama El Paraíso. Ella entró con nosotros y se quedó en el carro mientras el tipo estaba conmigo en la habitación, mi tía pidió una hamburguesa y refresco para comer como si nada estuviera pasando. Salí asustada y le conté lo que me hizo (Bernardo), me respondió que si yo quería una vida mejor para mi y mi hermanita tendría que aguantar y afrontar las consecuencias, además de que ella ya había hecho mucho por mí”, relató Anahí.
Durante los siguientes cinco años, Gloria vendió los servicios sexuales de su sobrina, que era menor de edad. “Cada que no tenía dinero me vendía con sus amigos”, recordó.
La joven escapó a los 18 años, aprovechó que la enviaron a realizar un servicio y pudo huir con ayuda del taxista, de quien se hizo amiga gracias a que lo contrataban con regularidad para trasladarla dentro de Mérida.
Los años que fue explotada sexualmente tenía prohibido revelar su verdadero nombre, platicar con otras personas, tampoco le permitían ir a la escuela y mucho menos recibía dinero que se generaba a costa de su integridad física y emocional.
La incapacidad de la Fiscalía y el reto de denunciar.
Anahí fue prostituida aprovechando su situación de vulnerabilidad y utilizando violencia emocional y física. Ella era menor de edad, su mamá la había abandonado en casa de su tía, no tenía a dónde ir y además, le repetían constantemente que tenía que hacerlo para darle una mejor calidad de vida a su hermana menor.
De acuerdo con la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas, el delito se configura cuando se realiza toda clase de explotación.
En México, hasta el mes de agosto se registraron 348 denuncias por el delito de trata de personas en las Fiscalías estatales, 14 de estos casos ocurrieron en Yucatán y de esta cifra, cuatro fueron contra mujeres. Los datos corresponden a los informes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, pero no reflejan la realidad de las personas víctimas de trata en el país, pues se estima que solo una de cada 100 personas denuncia.
Del otro lado, entre la delgada línea que separa un delito de otro, surge la esclavitud moderna y Anahí también la vivió.
Las leyes mexicanas que castigan estos crímenes se crearon basadas en el protocolo de Palermo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el cual especifica que, sin excepción, las y los niños prostituidos, incluso sin el uso de la fuerza o coerción, también son considerados esclavos. Este tratado rector para castigar la trata a nivel internacional fue suscrito por México en el 2003.
La legislación de justicia contempla castigos de 15 a 30 años de prisión y sanciones económicas de mil a 30 mil pesos para quienes cometan estos delitos. De poco ha servido, pues la falta de capacitación del personal que trabaja en las agencias de las Fiscalías complica la situación, ya de por sí delicada, de las víctimas que acuden a denunciar.
La situación es grave, en Yucatán la trata de personas aumentó en 700 por ciento con respecto al año pasado, de acuerdo con el informe presentado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.
En agosto de este año, Anahí, ya con 21 años de edad expuso su caso ante la Fiscalía General de Yucatán, había pasado los últimos tres años de su vida intentando dejar atrás esa pesadilla. Denunció porque Bernardo, el primer hombre que pagó por violentarla sexualmente, empezó a acosarla en redes sociales.
“Él me empezó a seguir en las redes sociales del negocio que tengo, yo me dedico a poner uñas, no lo pude bloquear y para cuando me di cuenta me envió un mensaje donde me pidió vernos y me preguntaba cuánto cobraba ahora por mis servicios, le dije que no y que si insistía lo demandaría”, señaló la joven.
Dos días después, Bernardo subió a internet fotos de Anahí, eran las imágenes con las que su tía Gloria la ofrecía a sus clientes y amigos. “En la Fiscalía me preguntaron por qué esperé tanto tiempo para denunciarlo, y aunque les conté lo que me ocurrió cuando era una niña, me dijeron que eso ya había pasado, que no podía denunciarlo ahora”, comentó.
El principal temor de la joven es que ahora ya no está sola, se casó y tiene una hija de dos años de edad a la que han amenazado con dañar. Y las agresiones han ido subiendo de tono, 15 días después de la primera denuncia intentaron secuestrarla a unas calles de su casa.
“Fui a la tienda, sentía que me seguían y se lo comenté a la señora de la tienda, cuando salí empecé a correr y me jalaron de la blusa y me la rompieron. Me escondí en casa de un vecino, hablé a la Policía que tardó más de 20 minutos en llegar para que al final los oficiales me dijeran que como no lo vieron, no podían hacer más”, explicó Anahí.
En aquella ocasión, logró Identificar que sus agresores fueron Bernardo y su primo Iván. A partir de ese momento comprendió que el acoso era orquestado por su tía Gloria para obligarla a volver. “¿Tienen que esperar a que me maten o que me violen de nuevo para que hagan algo? Yo tengo mucho miedo por mi vida y la de mi hija de dos años” , enfatizó.
El tercer ataque ocurrió el 21 septiembre, tocaron a la puerta de su casa y cuando abrió para ver quién era, ingresó un sujeto que la golpeó al grado de romperle las costillas, lesionarle un brazo y dejarle moretones en el rostro.
Dos de los incidentes fueron denunciados en la Fiscalía estatal y pese a que cada vez eran más violentos, las medidas de protección se limitaban a auxilio inmediato y rondines de vigilancia. No eran suficientes, nunca lograron evitar una sola de las agresiones o llegaban con demora a verificar los hechos.
Los clientes: “Hombres de buena reputación”.
Anahí recuerda los nombres de cada hombre que pagó para tener sexo con ella, todos conscientes de que se trataba de una menor de edad. En la lista figuran algunos que son conocidos por su “buena reputación” y personas relacionadas con liderazgos sindicales.
Durante los cinco años que fue obligada a prostituirse fue trasladada al Lua hotel en Champotón y al municipio de Sabancuy en Campeche y a Villahermosa, Tabasco.
Anahí lamentó que ningún empleado de los moteles y hoteles a donde la llevaban como Eros, Blue y Posada Camino en Mérida, Yucatán, cuestionó a los sujetos sobre su acompañante, cuando era evidente se trataba de una menor. Ella cree que en estos lugares existe tolerancia y ojos ciegos ante esta clase de comercio sexual de niñas, niños y adolescentes.
“El daño está aquí, vivo con eso todos los días, sueño con eso diario, no hay un día sin pesadillas que no me levante en la madrugada. Los pensamientos me llegan y nunca se me olvidará, he ido al psicólogo pero lo dejo porque te piden que les cuentes las cosas con valentía y yo me quiebro por completo. A mi nadie me va a regresar mi niñez, a los nueve años dejé de jugar con muñecas, no conocí una infancia tranquila y me quitaron mis sueños”, lamentó Anahí.
En el 2017, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó que la explotación sexual representaba dos tercios de los 150 mil millones de dólares que generó el trabajo forzoso a nivel mundial. Esto significa que no solo participan personas, también se encuentran involucrados establecimientos como hoteles, moteles y centros nocturnos.
Por ejemplo, la tía de Anahí trabajaba como bailarina en el table dance llamado Tívoli, ubicado en la carretera que conecta a Mérida con Tixkokob. Ahí es donde contactaba a los clientes que pagaban para tener relaciones sexuales con la adolescente.
Las cicatrices emocionales
En algún momento de su infancia, Anahí soñó con ser abogada y con apenas 12 años se dio cuenta que no sería posible. También ser mamá y formar una familia era uno de sus deseos, quería tener ese vínculo de hogar que sentía le faltaba.
Pero su tía Gloria además de prostituirla la hizo abortar en seis ocasiones, la parte más cruel es que su embarazos fueron productos de violaciones siendo una niña y adolescente.
“Bernardo me embarazó seis veces y mi tía me golpeaba hasta que perdiera a los bebés, un día me brincó en la espalda porque le dije que no quería abortar, fue tanto que tuve un sangrado horrible. Me hacía tomar unas pastillas llamadas cytotec, que ella misma me compraba en una farmacia del centro donde seis pastillas costaban 150 pesos; hacía que me tomara tres y me metiera tres vaginales, pude haber muerto desangrada y sin embargo, no le importó”, recordó Anahí.
Las amenazas continúan por la inacción de las autoridades.
En un nuevo intento por obtener justicia y salvar su vida, Anahí acudió en septiembre a la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) con la esperanza de que la ayudaran a obtener medidas de protección 24 horas. Sin embargo, solo la orientaron para que acudiera al área especializada en trata de personas de la Fiscalía estatal.
“Tengo miedo de que me hagan algo a mi y mi esposo y dejar sola a mi hija, ya no quiero vivir con miedo. A mis 21 años logré ser feliz, ya cambié mi vida, pero me siguen molestando, torturando. Bernardo me escribe de diferentes números y me dice que lo que más disfruta es que nunca olvidaré que él me violó. Pero por otro lado siento que si hablo, mi tía y él pagarán por todo el daño que me han hecho”, reclamó la joven.
Otra de las puertas que tocó fue en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) a nivel federal y tardaron dos semanas para realizar el escrito con el que interpondría la denuncia ante la Fiscalía General de la República (FGR), que aunque ya fue entregado, esta última dependencia todavía no responde si atraerá el caso dentro de su competencia.
En medio de la desesperación por no sentirse segura, Anahí tramitó un amparo en el Juzgado Noveno de Distrito en Materia Administrativa con sede en la Ciudad de México. El recurso fue admitido el 1 de octubre y ordenó a las autoridades de Yucatán, en el ámbito de sus competencias, salvaguardar la integridad de la joven. Pero hasta el día de hoy han hecho caso omiso e ignorado la solicitud de auxilio.
Anahí espera poder recuperar la libertad para vivir sin miedo y salvaguardar a su hermanita Ana, a quien no pudo llevarse cuando huyó, ya que teme la prostituyan como a ella.
Con tan solo 21 años, esta joven camina todos los días empujada
por el miedo y el reclamo de justicia para exigir castiguen a quienes le
arrebataron todo.